Cuando amamos sanamente, desde el corazón, nos transformamos.
Sea nuestro hij@…… sea nuestra pareja sentimental…… sea una amistad profunda……
resulta que esta “tal persona” hace que aflore en nosotros lo mejor de cada un@.

Amar sanamente, desde el corazón, reverdece nuestro ser…… rebrotan nuestros valores…… madura nuestra fruta…… crecemos, crecemos y crecemos.

Cuando amamos sanamente, desde el corazón, entendemos – y practicamos – la generosidad…… el desprendimiento…… el discernimiento…… la tolerancia a la frustración……
…… así como también engrandece nuestro horizonte de conocimientos intuitivos.

Amar sanamente, desde el corazón, nos libera de nuestros “apegos” mundanos…… y a la par y viceversa, libera a la “otra persona” también de sus propios “apegos” mundanos.

Amar sanamente, desde el corazón, siendo un camino a uno, resulta ser un camino a dos.