Cuando empecé a quererme se dio un sorprendente equilibrio en mi.
Mi “Interior” se volvió armoniosamente sabio, con lo que acogía “alegría” y “pena” por igual.

Yo sentía que ambos sentimientos llamaban a mi puerta……
…… y a ambos yo les daba albergue y acogida, sin menoscabo del uno por el otro.

Cuando empecé a amarme de verdad me desapegué de la “fantasiosa búsqueda de la felicidad alegre”……
…… al tiempo que, también, me desapegué de la “castigadora permanencia en la pena”.

Empecé a vivir en armonía con los dos “Opuestos”.
Alegría y pena. Pena y alegría.

Ahora entiendo que forman parte de mí por igual.
Ni más ni menos.