Cuando me amé de verdad, descubrí mi “BONDAD”.
Abandoné mis creencias injustas sobre mi mism@.
-“¿Acaso resultaba creíble que yo era un ser imperfecto, sin alternativa?
-“¿Acaso resultaba coherente que se dieran tantas penas en mi vida?
-“¿Acaso era razonable tener que exigirme tanto a mi mism@?
-“¿Y por qué yo no podía disponer de un “lenguaje amable” conmigo mism@?
-“¿Acaso el “lenguaje amable” no podía existir en
mi diccionario particular?
-“¿Forzosamente yo debía erigirme como mi mayor juez culpabilizador?
Al plantearme estos interrogantes, se descubrieron en mí las auténticas “Verdades”: mi “Bondad” intrínseca existía, aunque en ocasiones un “espeso maquillaje” la hubiera camuflado.

Hoy sé, que en todo principio, existe una “Bondad genuina”.