Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.

Mis amores en tantos climas
y en tantas tierras, siempre son
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin.
Con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.

¡Mas es mía el Alba de oro!

(Palabras de RUBÉN DARIO – poeta nicaragüense -.
1867 – 1916
Lienzo-pintura de FRANCESC VAYREDA – pintor español -.
1888 – 1929
En su compañía.)