Era apacible el día
y templado el ambiente,
y llovía, llovía,
callada y mansamente.

Y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!.
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amoroso afán.
Y vendrás, o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.

NO,… no puede acabar lo que es ETERNO,
ni puede tener fin la INMENSIDAD.

(Palabras de ROSALÍA DE CASTRO – poetisa española –
1837 – 1885
Lienzo-pintura de JOAQUÍN SOROLLA – pintor español -.
1863-1923
En su compañía.)