Pues resulta que una joven estaba aguardando su vuelo en la sala de embarque del aeropuerto. Como fuere que debía de esperar un tiempo todavía, se dirigió al quiosco más cercano y allí se compró un libro y un paquete de galletitas.

Regresó de nuevo a su butaca, se arrellanó en ella y empezó con la lectura del libro.

Resulta que la trama argumental de la novela era muy apasionante, con lo cual la joven rápidamente se sustrajo y se dejó distraer por el relato.

Justo al lado de la butaca donde se encontraba la joven, y donde esta había dejado su paquete de galletitas, se sentó, también, un caballero, el cual también abrió una revista y comenzó a leérsela.

Enfrascada en la lectura como estaba, la joven extendió su mano hacia el paquete de galletitas, y tomó una de ellas, comiéndosela placenteramente. Casi instantáneamente, sin demora de tiempo por en medio, el señor vecino también extendió su mano hacia el paquete de galletitas, llevándose una a la boca también muy placenteramente.

La joven se sintió sorprendida, ante tal acto del caballero, pero no expresó nada. Simplemente pensó: “¡pero que descaro!”.

Transcurría el tiempo de espera y el vuelo todavía no era anunciado, con lo cual la joven y el caballero seguían leyendo sus respectivas lecturas en la sala de embarque.

Y así se daba que, cada vez que ella tomaba una galletita, el señor también tomaba otra…… sin cruzarse palabra entre ellos.

Así, el paquete de galletitas iba disminuyendo, disminuyendo, disminuyendo………
– “¡jolines! ¡habrase visto frescura! ¡qué descaro! – se decía la joven para sí. Pero así y con todo, y sintiéndose enfadada ante tal “abuso”, la joven no expresaba nada de sí.

El tiempo transcurría, el vuelo no se anunciaba, las lecturas proseguían, y el paquete de galletitas seguía mermando: “una para ti y otra para mi……”

Cuando ya sólo quedaba una (1), solitaria en el fondo del paquete, la joven pensó:
-“¡ah! ¿a ver qué hará ahora, este señor, con esta única y última galleta que me queda? ¿será capaz de comérsela también? ¿será tan “caradura”?

Lo que ocurrió, entonces, fue que el caballero partió, con mucha pulcritud por su parte, esta última galletita por la mitad, llevándose su mitad a su propia boca, y dejando la mitad sobrante en el fondo del paquete para el consumo de la joven.

– “¡Esto es el colmo! ¡habrase visto! ¡qué desfachatez y que poca vergüenza!”

La joven se encontraba enfadadísima, pero seguía sin expresar nada de sí misma.

Justo en aquel instante se anunció por megafonía su vuelo, así que la joven cerró su libro, recogió sus cosas y se dirigió a su puerta de embarque…… “finguer”…… y ya, finalmente, se encontró ¡por fin! instalada en el asiento del avión.

– “¡Por fin, jolines! ¡ahora podré leer tranquila sin el “caradura” a mi lado! – se dijo para sí.

Así pues, abrió su bolsa de viaje para retomar el libro de lectura y, al rebuscarlo, y para su SORPRESA, lo que se encontró en su mano fue ¡el PAQUETE DE GALLETITAS!……
…… entero y por estrenar…… intacto y cerradito.

– “¿Quééééééé? ¿pero qué había pasado? ¿cómo había sido? ¿de dónde aparecían, ahora, estas galletitas?”

Pasaron unos instantes donde la joven se sintió muy sofocada y confundida.

Fue entonces cuando percibió lo equivocada que había estado.

¡Había olvidado por completo, que con un gesto reflejo y automático por su parte, había guardado sus galletitas dentro de su bolso de viaje!

Así pues resulta, que el caballero-vecino en la sala de espera, había compartido con ella sus PROPIAS GALLETITAS…… sin sentirse en absoluto, ni indignado, ni incomodo, ni alterado.

El avión ya emprendía el vuelo, y así elevándose, la joven reconoció y admitió su indignación y su enfado por su propia “Trampa Mental engañosa”…… así como reconoció, también, su agradecimiento a aquel “compañero de viaje anónimo” al cual ya no volvería a ver, ni podría disculparse con él…… y que tan generosamente había compartido sus galletitas con ella.

Resultó que un paquete de galletitas, tan efímero, había supuesto un reto para su propia gestión emocional.

(¡Ayyyy, con qué facilidad hacemos “Leyes personalizadas” carentes de fundamento!
¡Ayyyy, con qué facilidad somos tan ligeros para emitir juicios para con los demás!
¡Ayyyy, con qué facilidad “vemos la paja en el ojo ajeno y no la biga en el propio”!
¡Ayyyy, con qué facilidad, respondemos reactivamente debido a nuestras “auto-trampas mentales”!)