Espaciado
La “Herida Emocional” es un estado emocional insano producido por la confrontación de los propios valores y las creencias transmitidas por los progenitores y educadores/as (o personas de influencia durante nuestra crianza), enfrentadas con las realidades con las que nos encontramos a lo largo de la vida.

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Esta divergencia o confrontación nos produce actitudes y conductas erróneas que nos crean conflictos emocionales, los cuales van a provocar consecuencias insanas en nuestra vida.

Si este proceso no se gestiona adecuadamente, acaba provocándonos inseguridad personal, confusión e importantes quiebres dolorosos.

Todo ello puede ser desconocido por la propia persona, la cual actúa desde la confusión y el desconocimiento, así como desde la posible creencia de que lo hace correctamente, no entendiendo ni el cómo ni el porqué se produce el daño en su persona.

El trabajo psicoterapéutico sobre “la Herida Emocional” propone un método de terapia para “adquirir consciencia” de lo que le sucede a la propia persona:
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  • qué es lo que le sucede.
  • cómo sería conveniente actuar, basándose en la focalización de su presente, en su “aquí” y en su “ahora”.
  • detectando mensajes e información no consciente.
    La habilidad de aprender a detectar estos mensajes no conscientes (que nos suministran de forma instintiva / intuitiva tanto el propio cuerpo como el propio “corazón”) nos puede servir como sistemas de apoyo y de orientación.
  • la aceptación y admisión de “lo que hay” y de “lo que es”, sea lo que sea.
  • suprimiendo o frenando “aquello emocionalmente incorrecto”, y reequilibrando lo que sobra, o falta, para adecuarse a las realidades de la vida.

Nuestra labor consiste en enseñar a comprender y a aceptar quienes somos (“quién eres”) y, a partir de aquí, conectar con las propias potencialidades, aptitudes, talentos o habilidades para establecer, así, objetivos personales como motor de vida (“qué quieres”: equivale al Proyecto Vital). En el proceso de una psicoterapia se desarrolla un aprendizaje por lo que respecta a la gestión de las emociones humanas básicas: la alegría, la rabia, la tristeza y el miedo Estas cuatro emociones humanas básicas ocupan nuestra vida y se repiten en ciclos constantes, dependiendo ello de la vastedad y profundidad de la “Herida Emocional” de cada un@. Así pues, estas emociones básicas nos pueden repercutir de forma buena y sana o de forma mala e insana. La “Herida Emocional” provoca que, en ocasiones, nos encallemos en alguna de estas emociones, y su permanencia en exceso – en tiempo y vastedad – conlleva una cierta desadaptación vital o dolor vital. Es importante, pues, conocer las causas del porqué aparecen estas emociones básicas con sesgo desadaptativo. Es importante, también, conocer el cómo y por cuánto nos afectan insanamente. Es importante aprender a aprovechar lo bueno y nutritivo que nos brindan tales emociones para, después, salir de ellas sintiéndonos más reforzad@s y más sólid@s como personas. Para un mayor entendimiento de esta “Herida Emocional”, Centro Avant fomenta la comprensión de lo que fue y representó nuestro pasado: 

  • la infancia
  • la adolescencia
  • la juventud

…… para poder, así, reconocer el cómo se formaron las creencias emocionales que fundamentan, a día de hoy, nuestra conducta y, también, para poder ser más hábiles en reparar asuntos emocionales pendientes.

Cada persona tiene sus propios asuntos emocionales no resueltos, que suelen aflorar en el contexto de una vida social (relaciones del tipo que sean):

  • contexto sentimental (interacción con la pareja sentimental)
  • contexto progenitor-filial (interacción progenitor/a con un hij@)
  • contexto amical (interacción con una amistad relevante)
  • contexto social o profesional (interacción laboral, de vecindario, de conocidos……)

Suele ocurrir, entonces, que interactuamos en tales contextos con la falsa expectativa de que este espacio va a ser un lugar de apoyo y confortable.

Tal expectativa puede no cumplirse.
En un contexto “a dos” siempre existirán dos personas, cada una de ellas con su propia “Herida Emocional”.

Asumiendo esta evidencia, es sano incorporar la habilidad emocional de saber establecer, en su momento adecuado, los “Límites de Preservación personal”.
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