La niña/o, que está en mi “interior”, es frágil y vulnerable ……
…… pero, afortunadamente, este niña/o  mía, está viv@ y dispone de la capacidad de interpretar mis experiencias diarias aún antes de que YO (ahora ya “de mayor”) sea consciente de ellas.

Esta niña/o  mí@, debida a su vulnerabilidad y fragilidad (por ser, precisamente, una niña/o  en cuanto a su modo de sentir) es quien puede temer a los lugares nuevos…… a las personas desconocidas…… y a las situaciones extrañas.

Por todo ello, mi niña/o  necesita “alimento” de un tipo del que, quizás, NO recibió en el pasado……
…… con lo cual, a día de hoy, YO (ahora ya “de mayor”) puedo tomar su mano…… puedo persuadirl@…… y puedo hacerle saber que NO l@ abandonaré bajo ninguna circunstancia.

Mi mensaje, a ella / el  dirigido (ahora YO como “mayor”) le asegura que ningún lugar nuevo…… o ninguna persona desconocida…… o ninguna situación extraña tienen por qué abrumarla permaneciendo YO a su lado.

Cuando YO aprendo a mirarme en el espejo, con los ojos de la niña/o  que fui, es sorprendente la fortaleza que adquiero, puesto que me siento cuidad@ por mí mism@.
Ello me ocurre cuando reconozco y ACEPTO a mi niña/o  interior asustad@, y le abrazo haciéndole sentir seguridad y amor al unísono.

Concluyo, pues, que NI esta niña/o que vive en mi interior y que aún persiste en mí, y que NI YO mism@ (ahora ya de “mayor”) amb@s NO enfrentamos nada a solas y que junt@s podemos enfrentar cualquier cosa.