Érase una vez, hace mucho-mucho tiempo, existían dos pueblos vecinos enfrentados entre sí.
El uno ocupaba el fondo del valle, mientras que el otro se hallaba encaramado en la cima.
Los habitantes, tanto de un pueblo como del otro, se denominaban entre sí como “los de arriba” o “los de abajo”.
Por mucha memoria que se hiciera, nadie, en ninguno de los dos pueblos, recordaba cual fuere el motivo por el qué se estableciere dicha animadversión.
De hecho, tal enemistad se remontaba muchas generaciones atrás…… …… y como suele ocurrir en estas ocasiones, este litigio, entre las dos comunidades vecinales, formaba parte, ya, de la “herencia” que se transmitía de abuelos a padres, y de padres a hijos…… y así, interminablemente.
Y para que resultara más complejo todavía, resulta que “los de arriba” habían de desplazarse forzosamente al valle (donde “los de abajo”) puesto que era en tales prados donde pacía su ganado……
…… al tiempo que, los “de abajo”, habían de subir forzosamente a la cima de la montaña (donde “los de arriba”) a por madera y leña para sus hogares.

La única frontera natural entre unos y otros, era el lecho de un rio, apacible y amable, que surtía de agua fresca y buena a ambos pueblos.

Ocurrió que un día, tras unas copiosas lluvias, el caudal del rio bajaba muy crecido…… a tal extremo que se hacía muy peligroso el cruzarlo.
Y así las cosas, se produjo la coincidencia de hallarse ante el mismo vado (para cruzar el rio) una mujer joven de “los de arriba”, junto con dos hombres jóvenes de “los de abajo”.
Intentaron ignorarse, la una con los otros y viceversa…… con lo cual nadie ofreció ayuda a nadie en este intento peligroso de vadear el río.
Uno de los dos hombres jóvenes observaba por el rabillo del ojo los intentos de la joven mujer (“de los de arriba”)……
…… y sucedió que, casi sin darse cuenta, el mismo llegó a la conclusión en cuanto a la absurdidad en no poder ayudarse mutuamente…… ¡ni en ocasiones como aquella, en la que muy fácilmente alguien podría salir dañado!
Así fue como este joven inspiró aire, y el mismo “se dio permiso” para dirigirse a la muchacha y ofrecerle su ayuda…… y ello ocurría ante la consternación e incredulidad de su compañero, el cual no daba crédito a sus ojos.
La mujer, también sorprendida, aceptó muy aliviada el ofrecimiento de ayuda por parte del joven salvador.
Y así fue como el joven “de los de abajo” la subió sobre sus hombros…… vadeó todo el rio con ella a sus espaldas…… y así hasta que alcanzó la otra orilla, sana y salva.
El compañero del joven, que todavía se hallaba en la orilla opuesta, además de perplejo y sorprendido, también se encontraba muy enfadado y ofendido.
Guardaba silencio para sí, pero su malestar y enfado se le reflejaba en el rostro.
¡Relacionarse “los de arriba” con “los de abajo”! ¡habrase visto!
¡“los de arriba” nunca jamás, desde hacía decenios, se relacionaban con “los de abajo”!
¡Y no tan solo eso, sino que incluso la había llevado sobre sus propios hombros! ¡habrase visto!

La mujer expresó su agradecimiento, de una forma muy sentida y reconciliadora…… y luego emprendió de nuevo su camino hacia su aldea (“los de arriba”).
Una vez reagrupados los dos jóvenes, estos siguieron caminando juntos sin mediar palabra entre ellos, hasta que, finalmente, justo al entrar por las callejas del pueblo “los de abajo”, el joven ofendido y enfadado, se dirigió hacia su compañero y le dijo:
-“¡Tendré que decírselo al alcalde…… al maestro…… al cura…… al apotecario…… al consejo de labradores…… a todos los cofrades…… al monaguillo, para que repique las campanas…… y al médico-curador, cuando vaya de casa en casa!……
¡Tendré que informar acerca de este agravio que hoy tu has cometido!
¡Está totalmente prohibido que “los de abajo” se relacionen con “los de arriba”!
– “¿Pero de qué estás hablando?… ¿qué es lo que está tan prohibido?”
– le repuso el joven salvador, con serenidad -.
– “¿Es que te has olvidado?… ¿es que no tienes en cuenta la historia de nuestros padres y de nuestros abuelos?… ¿Y su honra?
Tú llevaste a la joven de “los de arriba” sobre tus hombros……
…… ofreciéndole tu ayuda para vadear el río. ¡Habrase visto ofensa!”
Se hizo un instante de silencio tenso entre los dos jóvenes, hasta que, finalmente, el joven salvador repuso:
– “Sí, es verdad, yo la llevé…… pero ya la dejé, tiempo ha, en la otra orilla…… muchas leguas atrás.
Por lo que veo, y percibo en ti, tu todavía la estás cargando.”

(¡Ayyyy, cuantas “Leyes-prejuicios” absurdas…… fuera de lugar…… …… obsoletas…… injustas…… resulta que tenemos todavía asumidas en nuestro interior!
¡Ayyyy, que poco “espacio de consciencia libre” nos permiten tales “Leyes-prejuicios”!
Cada “Ley-prejuicio” nos roba una posibilidad de libre albedrío…… de libre decidir…… y de libre sentir.
¡De libre consciencia, en definitiva!
¡Adiós, “Leyes-prejuicios” inexistentes, absurdas y obsoletas!
¡Bienvenida sea la libre consciencia…… el libre albedrío…… y la serenidad que acompaña a ambos!)