– Nos enamoramos de una persona. De ella sola, NO de su familia.
– NO sabemos con qué equipaje familiar viaja.
– Ignoramos toda su historia previa: cómo se relaciona con los suyos…… qué tipo de padre / madre o hermanos / hermanas tiene…… qué formas de comunicación familiar han construido…… qué puentes familiares han tendido y qué muros familiares han levantado…… y, finalmente, qué expectativas, creencias y valores los mueven.

Elegimos a nuestra pareja. Ella nos elije.
Iniciamos la relación y vamos conociendo a algunos miembros de su familia.
Podemos gustarles o no.
Podemos encajar o no con su forma de vivir y de ver la vida.
Ell@s pueden acogernos o rechazarnos.

Es posible que “hagamos nuestra” la familia de nuestra pareja……
…… y es posible que NO sea así (cuando nuestras historias y planteamientos vitales sean divergentes u opuestos).

Ante esta última posibilidad, será necesario dialogar mucho con nuestra respectiva pareja sobre qué sentimos y qué queremos al respecto……
…… marcando, además, “limites preservativos” a nuestra propia persona……
…… a la vez que siendo flexibles de pensamiento y también generosos de corazón.