Te me mueres de casta y de sencilla.
Estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más potente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que distraída no se desmande.

(Palabras de MIGUEL HERNÁNDEZ – poeta español -.
1910 – 1942
Lienzo-pintura de FRANCESC VAYREDA – pintor español -.
1843 – 1894
En su compañía.)