Érase una vez, en un asentamiento indio, un chamán dormitaba apaciblemente sentado ante su tepee (tipi).

Se trataba de un chamán sabio y anciano…… curtido por el sol, el viento y las nieves.

Sus manos rugosas hablaban al unísono que su voz pausada.

Consejero y guía espiritual. Clan de los sabios. Sabiduría protectora y benefactora.

“El Ojo que todo lo Ve”. Tal era el sobrenombre del chamán anciano.

 

Ensimismado estaba, en su reflexión de paz, cuando aparecieron ante él dos jóvenes de la tribu.

El respondía por “Águila Alta” y ella atendía por “Rio que Canta”.

Era evidente que “Águila Alta” y “Rio que Canta” compartían su amor.

Habiendo obtenido, ya ambos, el permiso del cacique de la tribu, en cuanto a matrimoniar,

tan sólo requerían, ahora, el consejo y bendición de su estimado chamán

– “El Ojo que todo lo Ve” -.

 

Así las cosas, los dos jóvenes inquirieron al chamán: su consejo y su bendición podría suponerles un buen conjuro que les permitiera conservar su amor para siempre.

“Águila Alta” y “Rio que Canta” consideraban que no era suficiente con desposarse,

sino que les sería muy benefactor algún tipo de conjuro que les asegurara que sus espíritus se fundirían en uno.

“Águila Alta” y “Rio que Canta” temían que su amor se extinguiera antes de encontrar la muerte…… con lo cual quedarían en mucha desolación sus apenados espíritus, si así fuere.

 

El buen chamán – “El Ojo que todo lo Ve” – los escuchó silenciosamente…… mientras se envolvía en sus volutas de humo. Aspiró.

Sus cansados ojos se rasgaron todavía más, al tiempo que les respondía:

– “Cierto es que los espíritus deben de quedar sellados.

Para que la paz os acompañe, es preciso que seáis iniciados en la dificultad y en la heroicidad.”

 

– ““Rio que Canta”, tu tarea consistirá en vencer la cumbre de nuestro “monte sagrado”……

y, sólo disponiendo de tus manos y de tu manto, es preciso que caces al halcón más hermoso y vigoroso que vieres.

Deberás mostrarlo ante mí, con vida, en el séptimo día después de la luna llena.”

 

– ““Águila Alta”, para ti será preciso que asciendas “al monte donde habita el trueno”.

Llegado seas a la cima, encontrarás a la más real de todas las águilas …… y, sólo disponiendo de tus manos y de tu manto, es preciso que caces, certeramente, a esta águila real tan poderosa.

Deberás mostrarla ante mí, con vida, en el séptimo día después de la luna llena…… coincidiendo, en el día, con “Rio que Canta””.

 

“Águila Alta” y “Rio que Canta” partieron a cumplir la misión encomendada.

Ella encaminó sus pasos hacia el Norte y él encaminó sus pasos hacia el Sur.

 

El día establecido, frente al tepee del buen chamán – “El Ojo que todo lo Ve” – los dos jóvenes esperaban su presencia, cada uno con sus respectivas bolsas de cuero que contenían las aves solicitadas. Esperaban su aprobación y bendición.

“El Ojo que todo lo Ve” bendijo las aves con su hisopo, canturreando palabras sagradas.

Al finalizar la bendición, el buen chamán solicitó a los jóvenes que, con mucho cuidado, sacaran las aves de sus respectivas bolsas.

 

Pero una vez expuestas las aves, “El Ojo que todo lo Ve” seguía sin hacer ningún tipo de conjuro ante la petición de “amor sellado” de los jóvenes.

Por el contrario, dirigiéndose hacia ellos, va y les pregunta:

– “¿Volaban alto?”

Ante la afirmación de los dos jóvenes, el buen chamán – “El Ojo que todo lo Ve” – va y les sigue diciendo:

– “Tomad las aves, y atadlas entres si por las patas con estas tiras de cuero.

Cuando las hayáis anudado, soltadlas sin desanudarlas, para que vuelen juntas”.

 

“Águila Alta” y “Rio que Canta” procedieron con lo que el chamán les había pedido, anudándoles las patas y soltando las aves a continuación – sin desanudarlas.

Resultó, entonces, que tanto el águila real como el halcón majestuoso, ambos intentaron levantar el vuelo…… pero no lo consiguieron de ninguna forma, puesto que se entremezclaban sus respectivas alas. Un torbellino de polvo se levantó en estos intentos, enturbiando sus figuras.

Sus patas, atadas, hacían imposible que ninguna de las dos aves pudiera desplegar su grandeza de alas.

 

“El Ojo que todo lo Ve”, en gesto ágil y rápido, liberó las ataduras a las dos aves, que inmediatamente surcaron los cielos y se dibujaron en el horizonte.

 

Así las hechos, las palabras del anciano chamán – “El Ojo que todo lo Ve” – no se hicieron esperar. Así dijo:

– “Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que acabáis de ver.

Vosotros sois como un “águila real” y un “halcón majestuoso”.

Si os atáis el uno al otro, aunque lo hagáis en nombre de vuestro amor,

ninguno de los dos podrá emprender su vuelo,

dado que vuestras alas se entorpecerán mutuamente.

 

Si deseáis que vuestro amor perdure, sellado en vuestro espíritu,

‘VOLAD JUNTOS…… PERO JAMÁS ATADOS’”.

 

Así habló el chamán anciano – “El Ojo que todo lo Ve” –

y así fue…… y así siempre será siendo.

 

(NO A LA CODEPENDENCIA.

NO a las ataduras. NO A las imposiciones. NO a las invasiones.

SÍ al respeto mutuo. SÍ al respeto de la identidad de cada uno).