Hubo un tiempo que cierta mujer tenía por costumbre pasar un tiempo a solas delante de su espejo.
Ella manifestaba que quería aprender todo lo que se podría llegar a saber sobre uno mismo.
Para ello acopió montones de libros y se los fue leyendo ávidamente.
Cada mañana, al encontrarse ella delante del espejo, este le preguntaba:
– ¿qué tal te está yendo tu progreso personal”?.
¿has aprendido, ya, todo lo que se puede aprender sobre uno mismo?
Cada mañana el espejo le repetía las mismas preguntas, una y otra vez.
Y cada mañana la respuesta de ella era la misma:
– No, – respondía ella – aun no lo he aprendido todo.
Dicho esto, la mujer se castigaba a sí misma, con su sentimiento de culpabilidad y de inutilidad.
Esta escena se repitió durante mucho tiempo.
Un día, la mujer volvió a reflejarse ante el espejo,
y el espejo le volvió a formular las mismas preguntas……
…… y, justo al momento en que ella iba a responder con “el no consabido”
y con su consiguiente sentimiento de culpabilidad y de inutilidad……
…… entonces ella misma alzó su mano en un gesto de no darse permiso a su respuesta habitual.
Aliviada por haber puesto fin a su “no buen trato” cotidiano,
pero teniendo, aun, un momento de auto-flaqueza consigo misma,
entonces miró tímidamente al espejo……
…… y, para su gran sorpresa, el espejo le estaba sonriendo:
– Felicidades – le dijo el espejo – ya sabes todo lo que necesitabas saber
– ¿Qué es ello? – preguntó la mujer –
– Pues lo que primero has aprendido, es que nunca llegarás a conocer “todo lo que tú te impones, y obligas, a saber”.
Y lo segundo que tú SÍ has aprendido hoy,
ha sido “a no sumar más sufrimiento a tu dolor de la Herida Emocional”.
Hoy detuviste el dolor de tu “Herida Emocional”.