Cuando empecé a quererme, me fui convirtiendo algo así como “mi propi@ escultor/a”.
Esculpir, modelar, definir y concretar mi “objetivo vital”, ello se convirtió en mi ocupación y en mi tarea……
…… con lo cual ante mí se fue dibujando mi “rumbo” y mi “plan”.

Cuando empecé a quererme de verdad, progresivamente “me fui quitando” y olvidando de “otras distracciones” (¡trampas, trampas, que me apartaban de mi propia Identidad!).

Supe priorizar y respetar “AQUELLO QUE ME DEFINÍA” (y a lo que YO me debía) de “aquello que me despistaba y desorientaba”.