Cuando YO NO escucho plenamente a la otra persona (quien sea) con una actitud respetuosa y  consciente, constato que suele debilitarse la conexión que se intenta establecer desde los respectivos “YO Interiores”.

En muchas ocasiones, es mi “YO Egocéntrico” quien me impide que YO oiga ¡y escuche! las palabras ajenas, con sus correspondientes Sentimientos asociados.

¡Qué difícil es para mí escuchar plenamente tales palabras, desentrañando sus matices emocionales!

Reconozco que, fácilmente, YO tiendo a filtrar el mensaje ajeno a través de mi propio “diálogo interno” (que evalúa y enjuicia continuamente a la otra persona).

En realidad, concluyo que NO hay palabras vacías emitidas por la otra persona, puesto que he descubierto que  los mensajes se encuentran en todas partes y bajo muchas formas.