Cuando empecé a quererme, dejé de temerle al “Tiempo Libre”.
Con anterioridad, al conocido como “Tiempo Libre”, YO me sentía obligad@ a ocuparlo con más “tareas” (¡de trabajo, por supuesto!).

Se daba el caso de que si lo destinaba realmente a “Tiempo Libre”, en mí se producía un sentimiento de Culpabilidad (por estar dedicándomelo a mí propia persona).

Cuando me amé de verdad, empecé a desistir en ocupar mi “Tiempo Libre”.

Hoy me atiendo en “aquello” que yo encuentro correcto (desde mi Coherencia, desde mi Armonía y desde mi Equilibrio).

Hoy tengo muy presente que me asiste el Derecho a respetarme en cuanto a “aquello” que me gusta o en cuanto a “aquello” que quiero (verdaderamente, y a partir de mí).

 

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