Cuando empecé a quererme ocurrió un suceso inesperado: los “rincones” de mí interior (que durante mucho tiempo YO había ignorado) o aquellos “rincones huérfanos” míos (que vivían bajo la sensación de desamparo y sintiéndose desatendidos)……

…… resulta que dejaron de pelearse y de competir entre ellos “por llamar mi atención”.

Así fue como, paulatinamente, todos mis “rincones” recibieron atención por parte mía, con lo cual se acabó la pugna y la competición – entre estos fragmentos míos rotos – en empecinarse en ser unos más “huérfanos” que otros.
Por ello, cuando empecé a amarme de verdad, la “Paz interior” llamó a mi puerta……
…… con lo cual todos estos “rincones” míos – ignorados y huérfanos – también sintieron paz.

Uno por uno fueron atendidos por mí.

 

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