Miro a través de la ventanilla de mi bus, distraídamente. Nos detenemos ante un semáforo en rojo y mis ojos reparan en un chico joven que, vestido de “clown”, inicia unos juegos malabares para luego pedir “la voluntad”. Y pienso.

Pienso que el caso de este “clown” es extrapolable a cualquier otra situación en la que cualquier persona NO se halla “en su justo sitio”, NI ocupa “su justo espacio”, NI desarrolla “su justo potencial”.

Estas circunstancias nos provocan un sentimiento de “pérdida”: la “pérdida” que se nos apodera cuando nos apartamos de nuestra “esencia” (de lo que “realmente somos” y de lo que “realmente nos está asignado” por esto que somos).

A cualquier persona le asiste el derecho a disponer de “seguridad” en cuanto a que podrá vivirse, a sí misma, en su propia Identidad, Dignidad y Respeto.
Este sería su “medio natural” y su “esencia propia”.

Apena percibir cómo ciertas circunstancias nos inducen a “olvidarnos y a ser olvidados” de quién somos realmente……
……adoptando actitudes y comportamientos artificiosos y no genuinamente propios……
…… y, por ello, apareciendo en nosotr@s “algo así” como una suplantación de nuestra Identidad y de “nuestro proyecto vital”.

Cada una de estas situaciones – la que sea – puede ser vivida como “una pérdida, con su correspondiente duelo”: hay “algo” que se pierde por NO ser genuinamente un@ “quién es”, y por NO hallarse, un@, en su correspondiente lugar.