¿Qué tendrá la hija
del sepulturero,
que con recelo la miran los mozos,
y que las mozas la miran con miedo?

Cuando llega el domingo a la plaza,
y está el bailoteo
como el sol de alegre
y vivo como el fuego,
… no parece sino que una nube
se atraviesa delante del cielo;
… no parece sino que se anuncia,
que se acerca, que pasa un entierro.

Una ola de opacos rumores
substituye al febril charloteo.
Se cambian miradas
que expresan recelos.

El ritmo del baile
se torna más lento,
… y hasta los repiques,
alegres y secos
de las castañuelas,
callan un momento.

¿Qué será aquello
que hasta da falsas notas la gaita,
…… y da por hacer un gesto,
con sus gruesos labios,
el tamborilero?

No hay memoria de amores manchados,
porque nunca, a pesar de ser bellos,
«buenos ojos tienes»
le ha dicho un mancebo.

Y ella sigue desdenes rumiando,
y ella sigue rumiando desprecios,
pero siempre acercándose a todos,
siempre sonriendo;
… presentándose en fiestas y bailes
y estrenando más ricos pañuelos.

¿Qué tendrá la hija
del sepulturero?

(Palabras de JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN – poeta español –
1870 – 1905
Lienzo-pintura de JOAQUÍN SOROLLA – pintor español -.
1863-1923
En su compañía.)