Érase una vez, un joven jactancioso que se situó en el centro justo de su pueblo, y proclamó – jactanciosamente – que él poseía el corazón más bello de toda la comarca.

Así fue como un gran multitud de aldeanos se congregó a su alrededor con mucha curiosidad y expectación…… y todos admiraron y confirmaron “que SÍ, que su corazón era perfecto, pues no observaban en él ni marcas ni rasguños”.
Sí, todos los aldeanos coincidieron en que, aquel corazón del joven, era el corazón más bello que jamás hubieran visto.

¿Todos los aldeanos coincidieron?
Pues NO; todos menos una anciana, la cual se acercó al joven y va y le dice:
-“Joven: tu corazón no es ni siquiera aproximadamente tan bello como el mío”

Sorprendidos la multitud y el joven, todos miraron el corazón de la anciana……
…… y comprobaron que, si bien latía vigorosamente, también era verdad que se encontraba cubierto de cicatrices…… e incluso había esquinitas donde le faltaban pedacitos…… y estos habían sido reemplazados por otros – cual remiendos – que no encajaban perfectamente en el “tal lugar” (se distinguían bordes y aristas irregulares alrededor).
Es más, había rincones de este corazón que eran huecos, donde le faltaban pedazos profundos.

Los aldeanos se sobrecogieron.
¿Cómo podía afirmar, la tal anciana, que su corazón era más bello que el corazón del joven?

El mismo joven, al cabo de contemplar el corazón de la anciana, se dirigió hacia ella y, despectivamente, va y le replica:

-“Debes de estar bromeando, vieja anciana.
Compara tu corazón con el mío……
El mío es perfecto. En cambio, el tuyo, es un corazón lleno de cicatrices y de dolor”.

-“Es cierto – le contestó la anciana -, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo……
Mira joven, cada cicatriz de mi corazón representa una persona a la cual entregué mi amor y mi estima…… con lo que me desprendí de pedacitos – de este corazón mío – para entregárselos a cada persona que amé en mi vida.

Muchas de estas personas, a su vez, me obsequiaron con un pedacito de su corazón…… que yo lo “cosí” en el hueco que me quedó abierto.
Como que los pedacitos no eran iguales, quedaron bordes irregulares – cual remiendos – de los que me alegro, porque me recuerdan el amor que compartimos.

También hubo ocasiones, en mi vida, en las que yo entregué un pedacito de mi corazón a alguien…… pero esta persona no me ofreció nada del suyo a cambio.
De ahí quedaron los huecos”.

El joven, y la multitud entera, se encontraban muy conmovidos ante las palabras sabias de la anciana.
La anciana sabia, pero, prosiguió hablando, con lo cual va y le sigue diciendo:

-“Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que estas heridas me producen – al haber quedado abiertas – me recuerdan que el amor puro es incondicional. ¿Comprendes, ahora, la belleza de mi corazón viejo?”

El joven permaneció en silencio, reflexionando.

Finalmente fue y se acercó a la anciana, y, amorosamente, pellizcó un pedacito de su joven corazón, y se lo ofreció a la anciana.

La anciana sabia lo recibió con ternura, y lo colocó, a su vez, en su propio corazón…… al tiempo que, también, se desprendió ella de un pedacito del suyo – ya viejo y maltrecho – y con él tapó la recién herida abierta del joven.

La pieza – el retalito – se amoldó…… pero no a la perfección, puesto que no eran idénticos, con lo cual se notaban los bordes irregulares y las uniones – cual remiendo -.

A continuación el joven miró su corazón, que ya no era tan perfecto, pero que le proporcionaba un sentimiento mucho más bello que anteriormente, dado que el amor de la anciana fluía en su interior.

(La “Felicidad” está cosida pedacito a pedacito.

La “Felicidad” NO consiste siempre en hacer “lo que queremos”……
…… sino que consiste en “querer” – de amar – todo lo que hagamos.

Nuestro corazón es un conjunto de “retales”).