Cuando empecé a quererme, descubrí ¡oh, sorpresa! que NO soy “una persona especial”, pero que SÍ soy “un ser único”.

En mi se difuminaron aseveraciones ¡falsas! que sentenciaban – peyorativa y sesgadamente – mi “Diferencia”.

– ¿Por qué confundir “Diferencia” con “Identidad Individualizada”?
– ¿Por qué sentir a esta “Identidad Individualizada” con “un tizne especial negativo”?

Al desechar en mí tales prejuicios, pude sentir ¡gozosamente! mi “exclusiva” en cuanto a ser una “Persona Única”.

Ni en el antes, ni en el transcurso, ni en el después de mi vida se repetirá un ser con mi “Identidad” – ¡única, única!.

Así pues, cuando me amé de verdad, dejé de sentirme “al margen de……” “no integrada a……” “con falta de……” o “con sobra de……” “si no fuera por……”

…… para, así, reafirmarme en que SÍ soy una “Persona Única”.

Eso lo cambió todo.

YO mismamente.
YO.