Cuando empecé a quererme, la “PARTE IMPULSIVA” que hay en mi aprendió a esperar “el MEJOR momento”.
– “Uno, dos, tres…… inspira, espira…… ¡suelta ya!” – me decía mi voz.

– “Uno, dos, tres…… espera, demora……ya llegará” – proseguía mi voz.

– “Uno, dos, tres…… serénate, cálmate…… ya acabará” – susurraba mi voz.

– “Uno, dos, tres…… ya llegará ‘el MEJOR momento’” – ¡qué sabia, era mi voz!.

Y realmente sucedió así: pasado mi IMPULSO inicial, pasada mi PRECIPITACIÓN inicial, pasada mi IMPERIOSIDAD inicial ……
…… ¡por supuesto que me llegó “el MEJOR momento”!

Cuando empecé a amarme de verdad, entendí que NO siempre el “supuesto BUEN momento” era el “MEJOR momento” para mí.

¡Aaaahhhh, que claridad!
Ahora distingo mis “MEJORES momentos”.

Adiós, IMPULSIVIDAD.