“Si yo supiera de qué selva vino
el árbol vigoroso que dio el cedro
para tornear la cuna de mi hijo……

Quisiera bendecir su nombre exótico,
quisiera adivinar bajo qué cielo,
bajo qué brisas fue creciendo lento,
el árbol que nació con el destino
de ser tan puro y diminuto lecho.
……   ……

¡Debió de ser tan alto y tan erguido
tan fuerte contra el cierzo y la borrasca,
que jamás el granizo le hizo mella
ni nunca el viento doblegó sus ramas!
……   ……

Árbol inmenso que te hiciste humilde
para acunar a un niño entre tus gajos:
¡Has de mecer los hijos de mis hijos!
¡Toda mi estirpe dormirá en tus brazos!”

(Palabras de JUANA DE IBARBOUROU – poetisa uruguaya -.
1892 – 1979
En su compañía.)